viernes, 27 de agosto de 2010

Y volvió a ocurrir

Para comenzar decir que no sé si fue hoy o ayer, ya que no recuerdo qué hora era, pero si fue ayer casi era hoy, y si fue hoy, hacía poco que lo era. Pero, vamos a lo que toca, que el tiempo es irrelevante en éste caso.

Estaba cambiando el aire por humo en mis pulmones, cuando sin más dilación mi estómago, cansado de que no le haga caso y con afán de llamar la atención, decidió que no había nada mejor que hacer en ese momento que digerir comida. Yo, sin ánimos de discusiones, le hice caso, así que me levanté para volver con vianda en la mano. Al ponerme de pié mi cabeza me intentó jugar una mala pasada diciéndome que el suelo estaba en otra parte de la que yo pisaría, menos mal que fui más inteligente que uno mismo y supe distinguir lo real de 'lo real'. Yendo con un paso lento, como el mar sin viento, y a punto de entrar en la cocina, me freno y miro al frente, donde se encuentra la ventana del comedor, al ser de noche, no había luces y sólo se intuía el reflejo del edificio de enfrente.

Y ahora empezó lo realmente interesante, me poseyó el ritmo 'racatanga', en su forma de espasmos corporales enteros, haciéndome creer que luego de eso no respiraría nunca más. Por suerte, sólo duraron 10 segundos los espasmos, pero no todo acabó ahí. Cuando dejo de moverme me hago la pregunta '¿qué pasó?', a la cual no encuentro respuesta, intento fijarme en algo para entenderlo, pero había muy poca luz ni para intuir nada, así que me quedo quieto, escuchando la música que provenía de mi habitación, yo no sabía ni que eso era música, ni que provenía de mi habitáculo. Durante los próximos dos minutos me quedé intentando atar todos los cabos sueltos, desde que nací hasta ese momento. Fue una de las sensaciones más agradables que me llegó a pasar en los últimos años, era conocer todo de nuevo, sin saber quién era y mucho menos qué hacía allí.

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