Saciedad calmante, tranquilizante, eso es lo que se necesita. Esa tranquilidad que nos transmite el espacio al estar durante 5 minutos en silencio, parando a toda la sociedad en un simple suspiro que se acaba a los 5 minutos. Durante esos insignificantes 5 minutos uno es alguien, uno es él, el que llega a lo que se propone, y lo trato de 'él' y no 'ella' debido a la generalización aceptada en masculino, más nunca integraré a todos en el mismo bloque. Esos 5 minutos, cinco... quién diría que valiesen tanto? Quién? Nadie, es que nadie sabe el por qué, pero esos 5 minutos que uno puede escucharse a sí mismo, esos cinco minutos, valen oro. Es increíble lo que uno puede aprender de uno mismo estando cinco, insignificantes, minutos en silencio con el mundo,
De esos 5 minutos, no vale ninguna excitación externa, uno se siente como debería sentirse siempre, es uno debería de ser cada uno siempre. No deberíamos ser como nos tienen enseñado, con las prohibiciones impuestas o las leyes insignificantes que cada vez cobran menos fuerza, uno debería ser el mismo siempre, agradando o no, eso es lo de menos.
Cuando uno se siente uno, cuando uno ES uno, es el verdadero 'yo' que nadie llegará a conocer salvo, como he repetido tantas veces, siendo uno mismo, haciendo lo que a uno mismo le gusta, sin importar el resultado.
Cansinos irracionales, un segundo, mejor dicho cinco minutos, escuchaos, sentíos uno mismo, sed uno mismo y averiguareis lo que habéis perdido todo este tiempo.